1 marzo 2024

La depresión de mi padre

Mi padre fue un hombre divertido, ingenioso, muy inteligente, pero sobre todo fue un hombre bueno. Era catedrático de universidad apasionado de la enseñanza. Esperó a jubilarse a los 70 años, como él decía, para poder pagar los modelitos de su esposa. Según él, su mujer estaba pensando en ponerle una ambulancia con oxígeno para que le siguiera llevando a trabajar y ella pudiera vestir bien.

Al año de jubilarse comenzó una depresión que continuó hasta su muerte con 78 años.

Era un hombre apagado, ya no divertía las comidas con sus ocurrencias y le costaba con frecuencia seguir las conversaciones. Pero siguió siendo un hombre bueno hasta el último momento.

Durante estos años de depresión me dolía no poder ayudar a que saliera de ese estado. Estaba en manos de buenos profesionales que consiguieron que viviera con dignidad pero nunca volvió a ser el mismo que asombraba con su conversación, con su ingenio y con su humor.

Nos quiso mucho y le quisimos. Era reservado y nunca supimos ni sabremos con certeza qué se lio en su mente para bloquearla.

Supongo que acumuló conflictos desde su infancia en una familia humilde, en una adolescencia y primera juventud en las que tenía que triunfar académicamente para seguir estudiando. Supongo que ser tan buena persona le trajo conflictos en el trabajo.

Sólo son suposiciones. La realidad es que en los últimos años de su vida su felicidad se reducía a la presencia cuidadosa de su esposa, y la cercanía de sus dos hijos.

Ojalá podamos encontrar esa llave que abra las puertas de nuestras mentes y nos permita disfrutar de esos momentos en los que las obligaciones laborales desaparecen. Aunque no se resuelvan del todo los conflictos internos, abramos otras puertas para vivir más plenamente.

Esta es una de las principales motivaciones para crear el Plan de Pensiones Emocional con Talentness.

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